La moda está de luto con el fallecimiento del diseñador español Paco Rabanne a los 88 años, dejando una huella en varias generaciones por su visón radical de la moda.
Rabanne alcanza la fama con su colección elaborada con materias contemporáneos usado eslabón de metal o plástico, rompiendo el culto a los textiles con sus diseños industriales o arquitectónicos.
Rabanne, como Courrèges o Pierre Cardin, pertenecía a un grupo de diseñadores deslumbrados con la carrera espacial que en aquellos años fogueaba el cuadrilátero simbólico de la Guerra Fría. Poco importaba que sus innovaciones parecieran imposibles: en la década que culminó con la llegada del hombre a la Luna, los límites parecían siempre provisionales. Rabanne llegó a la moda ya como agente provocador: Gabrielle Chanel decía que no era diseñador, sino metalúrgico, y a él mismo le gustaba recordar que su primera voc

ación había sido la arquitectura.
En sus inicios Rabanne era un joven embarcado en la búsqueda personal que lo llevo a afrancesar su apellido, abriéndose así camino en los círculos de la moda parisina
Francisco Rabaneda Cuervo había nacido en Pasaia (Gipuzkoa) en 1934 y no tuvo una infancia sencilla. Su padre, andaluz, era general del ejército leal a la República. Su madre, vasca, fue militante y miembro de la dirección del Partido Comunista de España (PCE). Tras el fusilamiento del padre en 1937, la familia se mudó a Francia cuando el futuro diseñador apenas tenía cinco años. Allí, estudió Arquitectura en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes y comenzó a elaborar piezas de bisutería con rhodoïd, un nuevo material transparente cuyas piezas él unía con eslabones o cadenas. Fue así como accedió a talleres de prestigio como los de Dior, Givenchy o Balenciaga, con quien su madre había trabajado en San Sebastián antes de la Guerra Civil.
Los más cercanos al fallecido diseñador lo recuerdan como,«una gran personalidad que rindió tributo a la «estética de manera única, una visión atrevida, revolucionaria y provocadora del mundo en la moda».
